Lo imposible y la verdad: las noticias falsas y Conan Doyle

Una de mis frases favoritas es de Arthur Conan Doyle: «Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad «. Me gustaría imaginar a Conan Doyle (1859-1930) en el presente, cuando en internet y en los medios de información tradicionales campan a sus anchas noticias y rumores falsos que se filtran de manera intencionada, desde todos los frentes, para confundir y adoctrinar.

Arthur Conan Doyle, creador del detective Sherlock Holmes

¿Existe la verdad? La pregunta parece absurda. ¡Claro que existe! Pero ante un hecho, por indiscutible que parezca, puede haber tantas interpretaciones como miradas, saberes, afectos e ideologías. El debate siempre es enriquecedor cuando aporta datos y escucha el punto de vista contrario. Sin embargo hay gente que, bajo una peculiar interpretación de la tolerancia, se evidencia a sí misma con una postura excluyente: ¿Para qué escuchar otras verdades si la mía es la buena?

El actor Peter Cushing bajo la caracterización clásica de Holmes.

Dejando a un lado las subjetividades doctrinarias, a mi parecer siempre sospechosas y para mirar con lupa, es delictivo, informativamente hablando, lo que ocurre con frecuencia en internet y las redes sociales. Me refiero a cómo circulan rumores falsos disfrazados en formato de noticias. Algunos son tan absurdos que causarían hilaridad inmediata. Y sin embargo los ves crecer, compartirse y retuitearse acompañados de comentarios bochornosos. Demuestran la bajeza moral de sus autores, por un lado, y la falta de criterio, cultura y las nulas ganas de preocuparse por la verdad de quienes los comparten.

Por supuesto que la prensa no es con frecuencia lo que debería ser, como ocurre, por desgracia, en otros sectores profesionales con incidencia directa en lo público. Los grupos de presión estrangulan el acceso a los hechos, edulcorándolos y desviando la atención. Pero cuidado: colectivos y anónimos que se quejan de ello, también aprovechan internet y las redes para difundir noticias falsas que desprestigien o difamen a rivales políticos o religiosos, agrupaciones enfrentadas, radicales encarnizados o forofos de cualquier ámbito, etc. Las elecciones en EE.UU evidenciaron lo que ya era escandaloso para cualquiera con un mínimo de criterio: la circulación sin control en internet de mentiras interesadas para socavar la verdad y la cultura.

 

¿Becarios cobrando o gratis? La eterna polémica

De nuevo salta a las redes la polémica sobre los becarios que hacen prácticas profesionales sin cobrar. El altavoz de Twitter funcionando a voz en grito. Empresarios que ponen el foco sobre el valor del aprendizaje por encima de la cuestión salarial. Becarios que trabajan a diestro y siniestro, muchas veces en puestos o en labores que no son para las que se apuntaron. Y anónimos a quienes les gusta una polémica más que un churro en San Ginés.

La gente que hemos sido becarios o en prácticas alguna vez llegamos a las empresas con kilos de ilusión. No tenemos otra cosa en esos momentos: ganas de aprender y ganas de demostrar. Una chica, un chaval que entren de primeras en un estudio de radio, en una cocina, en un taller o en un gabinete sin duda dejarán también algo de sí mismos. En la gran mayoría de los casos, menos de lo que reciban. Pero dejarán. Y lo que es más obvio, ayudarán con su entrega a que el trabajo salga.

Sí. Es cierto que los máster hoy día cuestan un ojo de la cara. Y por tanto un becario que consiga una formación intensa, gratis y acorde a sus estudios, será una persona afortunada. Aunque no cobre. Claro, si fueran así de efectivas todas las becas seguro que nadie se quejaba. Pero un becario no es un «IBM», una chica para todo, ni una jornada maratoniana clavada en la frente que ayude a hacer caja. Una mano de obra más pero que no cobra y que además debe estar agradecida por el favor que se le hace dándole esa oportunidad.

Las cosas, claras desde el principio. Aquí no verás un euro pero vas a aprender. No estarás sólo para subir cafés y hacer fotocopias. Y que cada quien decida. En cierto modo se «asemeja» a la decisión de formar parte de una misión altruista: nadie obliga salvo las circunstancias en un caso y la ética en otro. Somos nuestras decisiones y, con ellas, lo que recibimos, lo que aportamos, lo que dejamos y lo que nos llevamos.

Hay que ponerse en el lugar de todos para opinar, sin duda. Aunque si una persona, con beca o en prácticas, trabaja para una empresa, recibe un aprendizaje adecuado y también aporta a la empresa, dejando de su parte y ayudando a hacer caja, debería cobrar acorde a su participación.