La puerta de casa

Muy feliz año 2018 a todos, desde La Antena de mi Cuarto, con mis mejores deseos. Han pasado unas semanas desde la última actualización del blog. Entre los podcast para «El Vagón 85» y «San Antonio Abad Radio» pero, sobre todo, el último empujón al libro de relatos que estoy escribiendo, ha podido parecer que estaba ausente. Y no valen excusas. Pero nada más lejos de la realidad. Como a buen seguro os pasará a vosotros, a veces falta tiempo hasta para respirar. Sin embargo la vida no deja de dar vueltas. Lo vemos en Google, en los telediarios, ¡no digamos ya en whatsapp! Y tal vez olvidemos a una de las fuentes de información más lapidarias: la puerta de casa.

Recuerdo un 20 de noviembre de 1975. En apariencia un día de colegio normal para los niños de entonces. Y sin embargo, la puerta de casa se abrió para que nuestra vecina Carmen entrase con una información importante. Mi madre habló con ella entre susurros y, después de cerrar, apareció por la cocina  y me dijo con voz muy seria: «Hoy no hay cole, se murió el Caudillo«. Luego pusimos la tele y apareció Arias Navarro con el ya histórico: «Españoles: Franco…ha muerto». Pero la noticia nos la dio mi vecina.

Otra fecha interesante. 23 de febrero de 1981. En casa de mis padres la televisión era uno más. Y aquella tarde estábamos viendo en la primera cadena, «La Mansión de los Plaff«, cuando de pronto se abrió la puerta de casa y apareció mi hermana («¡Hay un Golpe de Estado!«), con un señor que no conocíamos de nada, bastante preocupado. Nos pidió usar el teléfono para llamar a sus familiares y darles fe de que estaba bien. El tipo era taxista y, en el trayecto de traer a casa a mi hermana, escucharon por radio la famosa emisión en directo de la Cadena SER con la entrada a las Cortes de Tejero y su «¡Quieto todo el mundo!». De nuevo la información llegó por la puerta de casa.

Hoy el mundo ha cambiado tanto como si viviéramos en otro planeta. Estamos sometidos a una saturación informativa no siempre fiable, a través de unos aparatos que en aquel entonces nos hubiesen parecido de procedencia extraterrestre. Y hay quien dice que cada vez nos comunicamos menos de tú a tú, mirando a la gente de frente, de puerta a puerta. Debo decir que mi vecina Carmen, la del desayuno con la muerte de Franco, sigue al pie del cañón y la fiabilidad de sus fuentes, intacta. La puerta de casa, el vecindario, la tienda de abajo, la farmacia quizás no sean «apps» con emojis, pero la gente con experiencia siempre será un generador de información muy valioso. La vida pasa por allí. Levantemos la cabeza del móvil.

 

 

La polémica del anuncio de Mahou y su reacción como marca

Hace unas semanas subí una entrada acerca de cómo responder frente a las críticas en las redes sociales. Hablaba de que la red 2.0 no tiene sentido sin la interacción. Y en esa participación del receptor (hasta entonces casi olvidado salvo en las cartas al director de los periódicos) cabe de todo: aporte de información, documentación, coloquio, debate y por supuesto también la crítica.
Hoy leí en un diario que Twitter ya era considerado el paraíso de los críticos. Cualquier frase de alguien relevante o conocido (político, deportista, artista, músico) puede ser interpretada y respondida en cuestión de segundos por miles de mensajes. Algunos verdaderas obras de arte de la concisión en 140 caracteres. La red tiene sus pautas. El ciberespacio no puede ser comparado (gran error) con una conversación en la barra de un bar. Dicha respuesta interactiva, amplificada en segundos por miles de participantes, hace que un error o una malinterpretación se paguen caro.
Por eso es muy importante responder y argumentar ante una crítica que aumenta hasta convertirse en un aluvión. Un ejemplo de respuesta lo vivimos hace apenas unos días. Mahou, la marca de cerveza española, se vio obligada a rectificar, pedir disculpas y retirar un anuncio de su campaña #Un Sabor Muy Grande. En el anuncio, se contaba la historia de un grupo musical que había aceptado tocar en un pueblo a cambio del pago en especie de 6.000 botellines. Rápido empezaron a llover en Twitter y en Facebook críticas de usuarios al entender que el spot ofendía a los músicos.«Rock a cambio de botellines«, se puede leer en este fotograma del anuncio. Mahou a las pocas horas reaccionó con una nota de disculpa“Por todo el amor que sentimos hacia la música, lamentamos profundamente no haber sabido contaros mejor lo que queríamos transmitir con el anuncio (…). Por este motivo, os hemos escuchado y hemos decidido dejar de emitir la pieza que contaba la historia personal de un grupo de músicos (…)». No es mi propósito aquí entrar en el debate sino valorar en positivo la reacción de la marca: lamentan no haber sabido transmitir el mensaje, hacen mención a «escuchar» al receptor y deciden retirar el anuncio. Fue tan ágil la respuesta que bastantes medios se hicieron eco casi al mismo tiempo de la quejas y de la nota de Mahou.También hubo usuarios de Twitter sorprendidos ante la «reacción desproporcionada» del sector más crítico con el anuncio. Y de nuevo se abría el debate acerca de la virulencia de algunos mensajes, la calidad de los argumentos o el uso de las redes sociales bajo meras reacciones en caliente. Entraríamos en otra polémica más genérica y sociológica: el abuso de las redes sociales como trinchera de fuego cruzado.

Fuese un anuncio acertado o fallido, la polémica en las redes hizo que el gabinete de marketing de Mahou reaccionara con celeridad. Activó una respuesta y la difundió de inmediato. Dirigió un mensaje de disculpa, demostrando una escucha activa, un alto grado de autocrítica y preocupación por su imagen como marca.

 

Lo imposible y la verdad: las noticias falsas y Conan Doyle

Una de mis frases favoritas es de Arthur Conan Doyle: «Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad «. Me gustaría imaginar a Conan Doyle (1859-1930) en el presente, cuando en internet y en los medios de información tradicionales campan a sus anchas noticias y rumores falsos que se filtran de manera intencionada, desde todos los frentes, para confundir y adoctrinar.

Arthur Conan Doyle, creador del detective Sherlock Holmes

¿Existe la verdad? La pregunta parece absurda. ¡Claro que existe! Pero ante un hecho, por indiscutible que parezca, puede haber tantas interpretaciones como miradas, saberes, afectos e ideologías. El debate siempre es enriquecedor cuando aporta datos y escucha el punto de vista contrario. Sin embargo hay gente que, bajo una peculiar interpretación de la tolerancia, se evidencia a sí misma con una postura excluyente: ¿Para qué escuchar otras verdades si la mía es la buena?

El actor Peter Cushing bajo la caracterización clásica de Holmes.

Dejando a un lado las subjetividades doctrinarias, a mi parecer siempre sospechosas y para mirar con lupa, es delictivo, informativamente hablando, lo que ocurre con frecuencia en internet y las redes sociales. Me refiero a cómo circulan rumores falsos disfrazados en formato de noticias. Algunos son tan absurdos que causarían hilaridad inmediata. Y sin embargo los ves crecer, compartirse y retuitearse acompañados de comentarios bochornosos. Demuestran la bajeza moral de sus autores, por un lado, y la falta de criterio, cultura y las nulas ganas de preocuparse por la verdad de quienes los comparten.

Por supuesto que la prensa no es con frecuencia lo que debería ser, como ocurre, por desgracia, en otros sectores profesionales con incidencia directa en lo público. Los grupos de presión estrangulan el acceso a los hechos, edulcorándolos y desviando la atención. Pero cuidado: colectivos y anónimos que se quejan de ello, también aprovechan internet y las redes para difundir noticias falsas que desprestigien o difamen a rivales políticos o religiosos, agrupaciones enfrentadas, radicales encarnizados o forofos de cualquier ámbito, etc. Las elecciones en EE.UU evidenciaron lo que ya era escandaloso para cualquiera con un mínimo de criterio: la circulación sin control en internet de mentiras interesadas para socavar la verdad y la cultura.

 

¿Qué hacer para que no te encasillen?

Desde el primer momento estamos dando pistas sobre nosotros mismos. Nuestro aspecto, la ropa que llevamos, la forma de hablar, si damos la mano o un beso a alguien que nos acaban de presentar. La primera impresión que se hagan de nosotros será ajustada o no. Podemos parecer naturales o evidenciar una coraza extraña.
Hay gente que necesita encasillar a las personas con quienes se relaciona. Etiquetar a alguien por su aspecto es un error ya endémico en la sociedad. Hay quien vaticina cómo somos, qué votamos, por dónde frecuentamos, sólo con un fugaz escaneo. Existe una nube de clichés sobrevolando a la espera de alguien que precise estamparlos en la frente de sus clientes, conocidos, adversarios o simples compañeros de asiento en el tren. Pero atención, también nosotros podemos frecuentar un espacio de seguridad donde temas, opiniones y gustos siempre den vueltas a la misma órbita.
Esa obsesión por etiquetar acompañada del miedo a abandonar nuestro espacio de seguridad provoca el encasillamiento. Una palabra temida por artistas, actores, músicos pero que puede afectar a cualquiera en nuestra ajetreada vida social. Se encasilla a alguien cuando se le clasifica de manera rígida o incluso frívola. Pero del mismo modo cuando nos limitamos con actitudes u opiniones lineales y repetitivas. Nos hacemos predecibles o, peor aún, aburridos.

¿Cómo evitar ser etiquetados? ¿Cómo buscar la originalidad?

Saliendo de esa zona de confort donde nos sentimos cómodos o nos creemos interesantes. Demos una vuelta a nuestras ideas, lecturas, fuentes y puntos de vista.
Estando al tanto de los temas de actualidad para ampliar nuestro espectro de opinión. No necesitamos ser especialistas pero sí unos conversadores a la altura.
Fomentando en dosis el factor sorpresa. Todos poseemos habilidades y experiencias que no siempre compartimos. Ahora es el momento de sacar ese as bajo la manga.
Actuando con naturalidad comunicativa en cada situación. Saber escuchar y debatir sin imposiciones. Fomentar el interés con variedad de argumentos.
Generando expectativas con nuestra presencia y no cansancio. Como consecuencia del punto anterior, que nuestros interlocutores vean en nosotros una fuente de información fresca y renovada.
Reinventarnos conlleva un reto: huir del conformismo. Es una actitud enriquecedora en nuestra comunicación con el mundo. Y si a pesar de todo, no podemos evitar a quien se estanque etiquetándonos a su conveniencia, quizás sea el momento de seguir el consejo del Dr. Freud.

 

 

¿Cómo vencer el bloqueo del escritor?

Ocurre con frecuencia. Necesitas escribir un texto, bien por aspiraciones literarias, bien por trabajo, y estás en blanco. Sin ideas. No sabes por dónde empezar. Me gustaría compartir contigo una serie de pautas que a mí me funcionan muy bien a la hora de escribir:

Escucha música. Lo hago sobre todo cuando escribo relatos para la radio. Me pongo de fondo música de películas o ambiental, que me aproxime al tema. La música esconde un poder cercano a la sugestión. Nos incita a entrar en un estado pre-creativo. Una vez allí, nos llevará en volandas. Recomiendo escuchar música bien seleccionada antes y durante la escritura. Lo ideal es llegar al punto en que interaccionemos mentalmente con la música, fantaseando situaciones y personajes. Déjate seducir por su magia.
música e inspiraciónNo tengas miedo a romper papeleshay que acumular horas de vuelo. Es muy normal (y sano) equivocarse, llegar a puntos de no retorno donde nos desagrada lo escrito. Hemos aterrizado en ninguna parte. Pero seguro que podemos sacar algún detalle de tamaña aventura. La característica de un personaje. Un rasgo físico. La escena que hoy nos parece equivocada podría ser, al mes que viene, el comienzo de un relato apasionante.

Ten a mano una libreta de vías muertas para anotar con cariño todos esos «errores». Puedes archivarlos por personajes, lugares, sucesos. Poco a poco, casi sin darte cuenta, almacenarás un montón de ideas para utilizarlas cuando lo necesites. Repásalas, vuelve sobre ellas. Guarda esa libreta siempre cerca. Una buena idea puede surgir en cualquier sitio. Debes anotarla antes que la musa de otro colega te la robe.bloqueo creativo

Permiso para imitar: Todos tenemos escritores favoritos. Las referencias, en cualquier campo creativo, son indispensables. Empezamos a escribir bajo el influjo de las lecturas que más nos impresionaron. Si eres aprendiz, es una manera natural de romper el hielo con la hoja en blanco: escribir al estilo de tu escritor de cabecera. El tiempo te concederá un estilo propio, pero cuida que no te encorsete. Cuando llegues a paraísos donde nadie ha pisado antes, será el momento para descorchar una botella.

Lee y navega en busca de noticias: Muchas de las mejores historias ya han ocurrido. Con suerte pueden llegar a nosotros en vivo. Otras quizá las oigamos tomando un café o en la mesa camilla del abuelo. Pero hay un lecho ingente de sucesos que se concentra en los periódicos. Internet ofrece la posibilidad de bucear en una hemeroteca virtual donde, sabiendo buscar, encontrarás a un click noticias alucinantes. Están a la espera de que tu sexto sentido de investigador las localice y des con ellas el primer golpe de pedal. Son como el desatascador del lavabo para tu bloqueo creativo.
buscador de historiasPasea en busca de ambientes interesantes: A solas o en buena compañía, pero con el deseo de «enfocar». No te  presiones pero sal con la lupa preparada. Si quieres escribir debes observar mucho. A la vuelta de cualquier esquina puedes toparte con el personaje de tus sueños, con la mansión que nunca hubieses imaginado. Sin olvidar otras sensaciones, como los olores, que también nos transportan al principio de una historia.

Por último, ponte un horario: Diario, semanal, según tus posibilidades. Si quieres vencer ese bloqueo, la inspiración (como muchas veces se ha dicho) te debe encontrar escribiendo. ¿Las musas existen? Tal vez, aunque siempre aparecen frente al teclado. Hay escritores que recomiendan encerrarse en una habitación a solas. Otros prefieren el aire libre. Incluso los que escriben con la radio a todo volumen. Ignoro tu caso, pero el esfuerzo da resultado. Observa en qué momento sientes mejor disposición para escribir y ponlo en rojo en tu agenda. Cuanto más lo respetes, más cerca tendrás el final del dichoso bloqueo.
escritor

Julio Cortázar dijo: «Lo que me gusta es escribir y cuando termino es como cuando uno se va dejando resbalar de lado después del goce, viene el sueño y al otro día ya hay otras cosas que te golpean en la ventana, escribir es eso, abrirles los postigos y que entren«.

Espero que estas recomendaciones te sirvan para abrir de par en par las ventanas de tu inspiración. ¿Me contarás luego tu experiencia?

 

¿Cómo responder frente a las críticas?

Seamos sinceros: a nadie nos gusta que nos critiquen. Menos aún cuando hemos puesto todo nuestro empeño en algo. Sin embargo la crítica es necesaria e ineludible. No hemos lanzado un mensaje para que nadie lo reciba. Internet guarda su esencia en la interacción. Es una llamada a la participación donde, debemos entenderlo, una crítica es siempre una oportunidad. No se nos puede quedar, esta cara…
críticasSi lanzamos un mensaje por internet es con la idea de encontrar respuesta y crear un cierto vínculo. Nos hemos comprometido y además, en muchos casos, de manera creativa, saliendo de nuestra zona de confort. Y sin embargo, cuando pensamos que hemos dado en el blanco, aparecen las críticas. El jarro de agua fría. La visión opuesta. La diferencia de criterio, a veces, despiadada. El primer error sería dejarnos caer por el abatimiento. Peor aún, por la arrogancia. Tampoco debemos perdernos en justificaciones.

diferencia de criteriosSí, hemos invertido mucho tiempo. Pero quizá también dimos por sentado cosas como una verdad universal. Y las verdades universales no existen. Aquí es donde debemos empezar a ser receptivos y escuchar. Si empezamos construyendo parapetos en base a nuestro conocimiento del tema, a nuestro rigor en la investigación y a la indiscutible realidad de nuestros argumentos, estamos equivocándonos.

opinionesNo, por una vez no estoy de acuerdo con el Dr. House. A la gente hay que escucharla con atención y preocuparse por sus opiniones. Insisto, no hemos lanzando un mensaje por la simple vanidad de oírnos a nosotros mismos. En la asertividad reside un pilar de las habilidades comunicativas. Pero no me refiero a esa asertividad disfrazada de falsa humildad. La gente, antes o después, se percata. Si no somos capaces de escuchar, atender, responder en un tiempo breve y contrastar nuestros argumentos con los que nos han expuesto los receptores (interlocutores, lectores, oyentes…), el propósito de nuestro mensaje se disolverá como un azucarillo. Estamos frente a un conflicto.

conflictoAnte una crítica, lo primero es agradecer la participación de quien nos la hace. Después, estudiar con detenimiento su argumentación, en el fondo y en la forma. Tal vez sepamos que se basa desde el principio en una equivocación o en un intento de imponer cierta doctrina. Entonces, no caigamos nosotros en el mismo error. Nuestra respuesta ha de ser aún más argumentada y contrastada que en el mensaje inicial. Buscando, si los hay, puntos en común y sin caer nunca en la aburridísima justificación que no satisface a nadie.

punto de acuerdoCuando la crítica, amable o dura, sea justa, lo primero que debemos hacer es aprovecharla, mejorar con transparencia y avanzar. No sirve de nada ofuscarse, ni lanzar bombas de humo. Caer en ese error perjudicará a nuestra credibilidad. Cuando logremos que quienes reciben nuestro mensaje vean en él una manera honesta de querer comunicar, y de interesarnos por la opinión del otro, entonces  lograremos conectar como una fuente fiable de información, participativa e interactiva. Es un reto diario.

Dejar de ver para aprender a mirar

Vamos siempre con demasiada prisa. No creo que sea solo una enfermedad endémica de las ciudades. Va más allá: es un sentido equivocado sobre lo que de veras es importante. No sabemos detener el tiempo. Quizás ni para eso tengamos tiempo. Las manecillas del reloj han dado paso a los dígitos del smartphone pero el acoso es el mismo. Todavía más, hemos aprendido a vivir en los minutos de descuento y, cuando no tenemos ese agobio encima, pareciera que nos vemos extraños, con el paso cambiado, con la marcha equivocada.

cazador de imágenes

Igual que no es lo mismo entender que comprender: podemos entender el hecho pero no comprendemos el porqué. Igual que es distinto oír que escuchar, siempre se dijo que la radio por la mañana se oía y por la noche se escuchaba. Tampoco es igual ver que mirar.

«Ver»  lo hacemos en cualquier momento, desde que nos levantamos. Somos conscientes, más o menos también es cierto, de una realidad que nos rodea. Pero el análisis, el matiz, la observación y el rey de oros, el detalle, son cosas distintas. Cuando vemos un árbol vemos el objeto, el ser, a veces un simple bulto. Pero cuando miramos y rompemos ese velo de lo cotidiano y de la prisa, entonces aparece el ser vivo, el refugio de otros seres invisibles entre las ramas y sus sonidos, la piel de corteza octogenaria o nueva, la savia que resbala.

mujer en el museo

La observación es prima hermana del detenimiento, del cuidado y la minuciosidad. Por supuesto, familiares lejanísimos de la prisa o el atropello. Todo el mundo tiene (o deberíamos tener) ese rincón donde el mundo deja de girar. Puede ser un parque. Quizás un lago. La orilla del mar. O por qué no, el sillón favorito de casa si es allí donde conseguimos la evasión. Es curioso pero también  a veces para mirar hay que cerrar los ojos.

No podemos dejar olvidada en un contenedor nuestra capacidad de mirar. De traspasar lo mundano y lo ambiguo para poner en marcha nuestro verdadero sexto sentido: la mirada. Esa química que funde el ojo con la razón y, aún más lejos, con la imaginación.

Imaginando

 

 

Chicho Ibáñez Serrador: premio Feroz de Honor 2017

Chicho Ibáñez Serrador. Años 60.
Chicho Ibáñez Serrador. Años 60.

Recuerdo a Chicho Ibáñez Serrador en aquella televisión en blanco y negro de mediados de los años 70. Con un puro en la mano, como Orson Welles, despidiendo alguna temporada del concurso que revolucionó la televisión: el «Un, Dos, Tres«. Chicho tenía un estilo magnético, mezclaba de forma genial el entretenimiento con el humor (a veces muy negro) y el espectáculo.

Chicho y su inseparable puro
Chicho y su inseparable puro

Pero antes de la calabaza Ruperta y los premios fastuosos de entonces en «Un, Dos, Tres» (el coche y el apartamento), Chicho había dejado sin pegar ojo a toda España a mediados de los 60. De «Historias para No Dormir» la gente de mi generación no supo hasta años después, cuando la serie se repuso ya con la tele en color. Y más tarde, primero gracias al video y luego con internet, pudimos disfrutar las tres temporadas completas.

Una serie mítica de TVE: Historias para No Dormir
Una serie mítica de TVE: Historias para No Dormir

Recuerdo con terror la última escena de «El Caso del Señor Valdemar«, adaptación del relato de Edgar Allan Poe. Ese cuerpo descomponiéndose en unos segundos sobre su cama después de un experimento de mesmerismo. El cuarto de estar de casa de mis padres se llenó de extrañas sombras que ya se quedaron allí para siempre porque me hice seguidor de Chicho Ibáñez, de Poe y del terror desde aquel instante.

Ibáñez Serrador presentando "Mis Terrores Favoritos"
Ibáñez Serrador presentando «Mis Terrores Favoritos»

Más aún cuando con el paso del tiempo Chicho volvió a la carga con «Mis Terrores Favoritos«, presentando películas de la Hammer, de la Universal o  del Fantaterror español de los 70, con su habitual estilo entre el humor y lo macabro, heredado del gran Alfred Hitchcock de quien Chicho era admirador confeso. También hizo temblar las salas de cine, con dos éxitos: «La Residencia» (1969) y «Quién Puede Matar a un Niño» (1976), ésta última adaptando una novela de otro grande de la comunicación española, Juan José Plans. Aunque ya no sigo el género de terror con aquella «ansiedad» adolescente  (reconozco que me he vuelto miedica con la edad), cuando pienso en Chicho lo relaciono con esas películas y sus series de suspense. No puedo evitarlo.

Chicho, Valentín Hornos (Don Cicuta) y Kiko Ledgard en el concurso "Un, Dos, Tres".
Chicho, Valentín Hornos (Don Cicuta) y Kiko Ledgard en el concurso «Un, Dos, Tres».

Por supuesto, Ibáñez Serrador fue mucho más que terror y ciencia ficción (que no es poco). El tratamiento que dio por ejemplo al tema del sexo, desde «Historias de la Frivolidad» (1968) al programa divulgativo «Hablamos de Sexo» (1990) por el que recibió el Premio Ondas. O el concurso animalista «Waku-Waku» (1989 y 1998). Todos sus programas catapultaron de inmediato a futuras estrellas de la televisión y el cine: Kiko Ledgard, Valentín Hornos (Don Cicuta), Mayra Gómez Kemp, Jordi Estadella, Victoria Abril. Silvia Marsó, Lydia Bosch, Consuelo Berlanga, Nuria Roca y un largo etcétera. Siempre injusto el maldito «etcétera» porque deja sin nombrar a gente importante.

Los premios se fueron sucediendo, tanto en activo como cuando, ya por la edad, decidió en 2006 apartarse poco a poco de la actividad profesional. Aún así le vimos recibir en 2009 un merecido homenaje en la Semana de Cine de Valladolid. O en 2010 cuando fue galardonado por el Ministerio de Trabajo con el Premio Nacional de Televisión en reconocimiento a toda su carrera.

A Chicho le avala una trayectoria profesional larga y fructífera
Chicho obtuvo el Premio Ondas y Premio Nacional de Televisión

Hoy viernes 18 de noviembre, redacto esta entrada en el blog  tras la noticia de que, a sus 81 años, Chicho Ibáñez Serrador recibirá el Premio Feroz de Honor 2017 que reconoce las trayectorias más emblemáticas del mundo de la televisión, el cine y la producción audiovisual. ¿Qué decir? ¡Enhorabuena, maestro! Y mil gracias por todo.

¿Cómo educar nuestra voz?

 

La voz es nuestra compañera inseparable durante toda la vida. Forma parte de nuestra personalidad, de nuestro carácter aunque no necesariamente los complementa. Hay personas muy dulces con una voz cavernosa, y auténticos psicópatas disfrazados tras una voz radiofónica. Es importante conocer nuestra voz y las posibilidades que nos ofrece.

 

¿Pero cómo conocerla? Muy sencillo: escuchándonos. O mejor aún, grabándonos. Recuerdo cuando hace muchos años, con el magnetofón de casa, nos gustaba grabar a la familia en los cumpleaños y celebraciones. Lo primero que pensé cuando escuché mi voz en la grabadora fue… «¿esa es mi voz?» No me reconocía. Me oía en aquella cinta de casete más agudo, con un timbre extraño. Seguro que os ha ocurrido igual alguna vez. Y si no, ya es hora de que lo hagáis, por favor. Nuestro Smartphone, un mp3 con el micro del portátil u otro dispositivo nos serán de gran ayuda.

prueba de voz

Cuando hablamos, nuestra voz la escuchamos por dentro. Es decir, nuestras cuerdas vocales vibran y el sonido llega directamente a nuestros oídos en esa caja de resonancia que forman la garganta y la cabeza, con sus huesos y músculos. «Desde dentro» nos escuchamos con un tono algo más grave, nos llega un sonido más familiar, más íntimo si me permitís la expresión. Pero la voz que escucha el receptor es, como hemos visto, diferente en matices. Y nuestra grabación será la evidencia.

 

¿Podemos educar la voz? ¡Claro que sí! Muchas veces hemos oído aquello de «tengo una voz fea». Es posible que nos refiramos a que no disponemos de esa voz radiofónica o de doblador de cine. Pero quizá estemos buscando una excusa. Es como la capacidad de vestir elegante, nada tiene que ver con ser más o menos atractivos físicamente.

 

¿En qué consiste la educación de nuestra voz? Podemos indagar en los aspectos más básicos:
1- Vamos a grabar nuestra voz leyendo, por ejemplo, una noticia del periódico. Cuando nos escuchamos, ¿nos oímos rápidos o lentos? ¿Nos comemos algunas palabras? ¿Hemos respetado las pausas de las comas y del resto de la puntuación? Todos estos detalles, y algunos más, son importantes. Pero acabamos de plantear ya algunas cuestiones básicas para que nuestra voz gane en personalidad y presencia: tono, ritmo y pausa.

 

2- Tono. Nuestra voz puede ser tal vez aguda en exceso o demasiado grave. O quizá de tono medio. En cualquier caso, deberemos buscar un tono que se adapte a cada circunstancia. Una reunión de negocios, una entrevista de trabajo no es igual que tomar un café con una íntima amiga o una comida familiar. Es fundamental para ganar en presencia que encontremos en el tono la manera de que nos entiendan bien. Si observamos en nuestro interlocutor una expresión rara, tal vez estemos hablando alto o muy bajo y no nos entiende nada.
hablando altoEs nuestra misión  hacernos entender de un modo adecuado. Y escucharnos en esas grabaciones de prueba nos hará descubrir matices interesantes que quizá desconocíamos. Probemos a hablar un poco más lento de lo que solemos hacerlo. Luego leamos algo con un poco de velocidad. ¿En cuál de las pruebas nos sentimos mejor? También podemos enseñárselas  a un familiar o un amigo para saber su opinión.

 

2- Ritmo. No me refiero a esa celeridad tan habitual de los locutores y locutoras en los 5 minutos de noticias cada hora en punto. O a la de los artistas de los monólogos. Pero si encontramos el ritmo adecuado a nuestra voz habremos conseguido un paso importante. Por supuesto sin comernos letras y cuidando determinadas expresiones coloquiales que, según en qué circunstancias, pueden dar de nosotros mismos una imagen poco seria o relajada en exceso. Un ritmo de voz pausado siempre es elegante. Damos imagen de personas reflexivas, que pensamos lo que decimos. No tiene que ver con voces bonitas. ¿verdad?. Y precaución: hablar pausado no es hablar lento. Podemos desesperar a nuestro interlocutor si hablamos como si caminásemos sobre cristales.

 

3- Pausa. Para revestir con detalles y matices al ritmo de nuestra voz, hemos de respetar las pausas. Al grabarnos leyendo esa noticia o un párrafo de una novela nos encontraremos los signos de puntuación y es fundamental respetarlos. Al hablar permanecen invisibles, es cierto. Pero estarán presentes en forma de pausas. Podemos observar cómo las matizan en la radio, en las noticias. Pareciera que en cada frase «entre comas» hubiera un pequeño cambio de tono en la locución. Imitémoslo. No es necesario ni recomendable perderse en un bosque de pausas. Terminaremos perdiéndonos nosotros y nuestro receptor se cansará. Frases cortas, sin complicarnos pero elegantes. Con las pausas adecuadas. Y no está de más preguntar de vez en cuando si nos estamos explicando bien. Damos a la otra persona una sensación de interés muy positiva.
No nos cansemos de practicar y de ensayar, a solas o con amistades.
ensayo de voz

 

 

Orson Welles y la Guerra de los Mundos: 80 aniversario

Sucedió el 30 de octubre de 1938, en víspera de Halloween. Se cumple pues el 80 aniversario de aquella emisión dirigida por un joven Orson Welles (23 años tenía), en la cadena de radio estadounidense CBS. Se trataba de hacer la adaptación radiofónica de una novela:: «La Guerra de los Mundos», de H.G. Wells. La dramática invasión de la Tierra por una civilización alienígena.

 

No era tarea fácil. En aquellos años los programas se emitían en directo, en grandes estudios, sin cabinas. En este caso fue en el Teatro Mercury. En 1938, el cine vivía su primera época dorada. Cinco años antes, King Kong había asombrado a miles de espectadores por su audacia con los efectos especiales. Sin embargo, la radio en ese terreno apenas estaba «echando a andar». Por tanto aquella noche de radio y ciencia ficción era todo un desafío profesional para desarrollarlo con credibilidad. Sin embargo nadie pudo ni siquiera intuir lo que iba a suceder.
Orson Welles en plena locución de "La Guerra de los Mundos", 1938
Orson Welles en plena locución de «La Guerra de los Mundos», 1938
La emisión duraría una hora. Desde el inicio se hizo la advertencia a los oyentes de que se preparasen para escuchar un relato ficticio, una dramatización. El guion dispuso el tratamiento de los hechos en forma de noticiario. Orson Welles actuaba en el papel de Pierson, el científico que trataba de explicar los sucesos según avanzaba la invasión extraterrestre. Hasta ahí todo según lo previsto. Las voces de los actores se combinaban con ingeniosos efectos sonoros que posteriormente pasarían a la historia y se usarían durante décadas en emisoras de todo el mundo.

 

En los años 30 la radio perdió cierto protagonismo frente al cine, aunque continuaba siendo una referencia fundamental en todas las familias, que se sentaban frente a sus transistores para seguir a diario las noticias y los programas de entretenimiento. Muchos oyentes escucharon a Welles desde el comienzo. Pero hubo también muchos que se engancharon el programa ya empezado, sin oír la advertencia del inicio. Podemos imaginar su monumental sorpresa: un pavoroso boletín de última hora no deja lugar a dudas ¡Nos invaden los marcianos!. Quizás hoy nos sorprenda su ingenuidad, pero debemos situarnos en aquel tiempo, diferente al actual.
Orson Welles
Welles en otro momento de la retransmisión de 1938
Así fue. Miles de estadounidenses, confundidos ante aquella dramatización perfectamente locutada y con audaces efectos de sonido, se creyeron que su país y todo el planeta estaban cayendo bajo las mortíferas armas de naves alienígenas colosales. Según las crónicas, a la media hora de empezar la narración, empezaron a llegar llamadas de ciudadanos alarmados a la CBS y a la policía. Esto obligó, a un aturdido Orson Welles (aunque sospechamos que feliz por el efecto generado) a cortar por unos instantes la emisión, aproximadamente en el minuto 40, para aclarar de nuevo que todo era un «simple» relato radiofónico. Después, se continuó con el programa. Faltaban aún cerca de veinte minutos.

 

Distintas fuentes aseguran que se produjeron escenas de histeria en las grandes ciudades. Se bloquearon con llamadas de auxilio las centralitas de la policía, de los  bomberos y de los principales periódicos. En algunos artículos incluso se habla de suicidios. Al día siguiente muchos ciudadanos protestaron por lo que consideraron una broma de Halloween irresponsable.

 

Lo que sí quedó claro desde aquella noche histórica, fue la trascendencia de la radio como medio de comunicación de masas. El relato radiofónico, como género, salió reforzado para siempre y durante décadas se utilizó en todas las emisoras del mundo. Los seriales también iban a experimentar un gran éxito. ¿Y Orson Welles? Los «cazatalentos» ya le habían confiado antes obras importantes para la radio. Aunque lo mejor estaba por llegar. Tres años más tarde, Welles asombraría de nuevo, ya al mundo entero, dirigiendo su primera película: Ciudadano Kane. La foto promocional transmitía una particular evidencia. Los medios de comunicación, a sus pies.
Orson Welles en "Ciudadano Kane", 1941
Orson Welles en «Ciudadano Kane», 1941