Apnea y el mensaje en una botella. El escritor náufrago y el lector al rescate.

No lo negaré. Estoy muy contento de publicar mi primer libro. Pero lo que más agradezco es la reacción tan cariñosa de quienes, desde el primer momento, se han interesado por APNEA. Gente que tengo la suerte de conservar cerca. También personas con las que hacía bastante que no hablaba pero que la sombra alargada de la tecnología nos permite seguir en una vinculación latente. Y nuevos contactos a los que acabo de conocer gracias a su amabilidad hacia este libro.

Escribir tiene mucho de lanzar ese mensaje en la botella del que nos habló Edgar A. Poe. Hay una parte de necesidad y de soledad difícil de explicar, pero que sin duda está ahí. Es muy excitante y frustrante el papel en blanco ( o la pantalla en blanco, en los tiempos modernos). Esa sensación de que empiezas algo sin saber por dónde va a terminar, como si soltaras algo muy querido en mitad de la selva y, tras muchas aventuras, te lo volvieras a encontrar en una playa frente al mar.

Has visto a las ideas revolotear como albatros, como pelícanos alrededor. Y tú eres una especie de náufrago que, lejos de escribir en un lugar apartado e idílico, batallas contra la marea de todos los días, incapaz de aislarte de esa tempestad que es lo cotidiano y que, casi siempre, se desata por sorpresa. Tal vez por eso cuando llegas al final, a la última hoja en blanco, te crees superviviente de algún modo. Aunque tan ingenuo que, ni te imaginas, la pelea administrativa que empieza, pero eso ya es otra historia.

Volviendo al comienzo, al escritor lo salva el lector. Ha encontrado ese mensaje en la botella, por seguimiento o por casualidad, y aparece a lo lejos, al final de la playa o en un buque al rescate, viento en popa a toda vela. El viejo oficio de comunicar no tiene sentido sin la recepción del mensaje. Tan sencillo pero tan difícil de entender a veces. Y lo más curioso: que después de tantas «penalidades» estás loco por echarte al mar otra vez. ¡Muchas gracias de corazón!

4 comentarios en «Apnea y el mensaje en una botella. El escritor náufrago y el lector al rescate.»

    • ¡Qué bonito es empezar el día con palabras así! No sabes lo que me alegra saber que te gusta el libro. Muchas gracias por venir hasta aquí y contármelo. Un enorme abrazo, Estela.

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