Leer nos hace libres

De pequeños, siempre hay alguien en la pandilla que nos dice que leer es aburrido. Si empiezas a hacerlo te sientes en cierto modo clandestino. Pero eso te hace especial en tu pequeño mundo. Y descubres a escondidas a Emilio Salgari y Sandokán. O a R.L. Stevenson y su Isla del Tesoro. La imaginación es un pasaporte sin visado hacia lugares, momentos, personajes e imágenes que se adentran en la mente para no salir ya jamás. Es cultura, sí, pero también personalidad. 

Aseguraba el irrepetible Groucho Marx: “Considero que la televisión es muy educativa. Cada vez que alguien enciende el televisor salgo de la habitación y me voy a otra parte a leer un libro”. Hay dos tipos de imágenes. Las del cine o la tele y las que creamos a través de la lectura. Las primeras son físicas, directas y explícitas. Las que nos aporta la lectura son químicas, sugerentes y evocadoras puesto que somos nosotros mismos quienes las recreamos. Cuántas veces al ver una película basada en un libro que hemos leído antes, decimos: “¡Así no me lo había imaginado!”. Nos sentimos en cierto modo defraudados.   

Lectura e imaginación son armas poderosas. Decía Kafka: “Un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado que hay dentro de nosotros”. Leer no solo es conocimiento, también es una fuente de empatía y sensibilidad. Te enfrenta a la suerte o la desdicha de gente como tú. Vives situaciones que la edad y los siglos nunca te habrían permitido. Hemos tardado en darnos cuenta de que los libros son esa máquina del tiempo que con tanta ansiedad llevamos buscando.  

Quien lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho”. Son palabras de Cervantes. Esa relación entre lectura y viajes es profunda y sugestiva. Necesitamos expandir la mente, recrearnos en persona con las imágenes que un día soñamos por medio de aquel cuento, de esa novela que nos cambió la percepción. Y en un paisaje  descubrimos a Eslava Galán, en un castillo a Mary Shelley, en un barrio antiguo a Dickens o delante de un cuadro maravilloso a Oscar Wilde. 

 Debemos fomentar leer en cualquier soporte, los clubes de lectura para niños y jóvenes en las bibliotecas, regalar más libros pero, sobre todo, hacer ver a los más pequeños que la lectura no es aburrida, no es de gente rara ni introvertida. Definitivamente, leer nos hace más libres.    

 

 

 

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