La luz silenciosa

Me encantan las puestas de sol, los crepúsculos. Seguro que a vosotr@s también. ¿Quién no se dejaría seducir por ese instante mágico? Mi amiga Carolina me contó una vez que en la playa de Ipanema los bañistas aplauden al sol cuando se oculta. Luego están los ocasos de las montañas con la niebla bajando como en una confabulación secreta que muy pocos entienden. También hay anocheceres mágicos y entonces es posible que la maldición persiga a los amantes, él se convierta en lobo y ella vuelva a su forma humana tras pasar el día como un halcón.
Atardecer en Los Alpes
Atardecer en Los Alpes
Estábamos en una aldea del sur de Francia. Recuerdo que un amigo de un lejano país me acercó una cerveza, y mirando al cielo que anochecía, dijo: -«La hora sagrada». Nos quedamos en silencio, como forma de respeto hacia aquella luz misteriosa que, por momentos, agonizaba. ¿Dónde escuché aquella historia del coleccionista de atardeceres? ¿O era una canción? No recuerdo. Pero sería estupendo poder coleccionarlos y recordar los pensamientos que vienen y se van con ellos, como hijos olvidados.

 

En el Pantano de Buendía vivimos anocheceres fantásticos. También en las escolleras de la playa de Miramar, en Ciudad Madero, México, con las toninas (parecidas a los delfines) bailando en la desembocadura del río Pánuco. Espero vivir muchos más, con mi mujer, con mis mejores amigos, con las presencias que miran desde Arriba y siempre sonríen, entre brumas, en el abismo elevado de la luz silenciosa.
Ocaso en el Mar Báltico
Ocaso en el Mar Báltico