¿Qué hacer para que no te encasillen?

Desde el primer momento estamos dando pistas sobre nosotros mismos. Nuestro aspecto, la ropa que llevamos, la forma de hablar, si damos la mano o un beso a alguien que nos acaban de presentar. La primera impresión que se hagan de nosotros será ajustada o no. Podemos parecer naturales o evidenciar una coraza extraña.
Hay gente que necesita encasillar a las personas con quienes se relaciona. Etiquetar a alguien por su aspecto es un error ya endémico en la sociedad. Hay quien vaticina cómo somos, qué votamos, por dónde frecuentamos, sólo con un fugaz escaneo. Existe una nube de clichés sobrevolando a la espera de alguien que precise estamparlos en la frente de sus clientes, conocidos, adversarios o simples compañeros de asiento en el tren. Pero atención, también nosotros podemos frecuentar un espacio de seguridad donde temas, opiniones y gustos siempre den vueltas a la misma órbita.
Esa obsesión por etiquetar acompañada del miedo a abandonar nuestro espacio de seguridad provoca el encasillamiento. Una palabra temida por artistas, actores, músicos pero que puede afectar a cualquiera en nuestra ajetreada vida social. Se encasilla a alguien cuando se le clasifica de manera rígida o incluso frívola. Pero del mismo modo cuando nos limitamos con actitudes u opiniones lineales y repetitivas. Nos hacemos predecibles o, peor aún, aburridos.

¿Cómo evitar ser etiquetados? ¿Cómo buscar la originalidad?

Saliendo de esa zona de confort donde nos sentimos cómodos o nos creemos interesantes. Demos una vuelta a nuestras ideas, lecturas, fuentes y puntos de vista.
Estando al tanto de los temas de actualidad para ampliar nuestro espectro de opinión. No necesitamos ser especialistas pero sí unos conversadores a la altura.
Fomentando en dosis el factor sorpresa. Todos poseemos habilidades y experiencias que no siempre compartimos. Ahora es el momento de sacar ese as bajo la manga.
Actuando con naturalidad comunicativa en cada situación. Saber escuchar y debatir sin imposiciones. Fomentar el interés con variedad de argumentos.
Generando expectativas con nuestra presencia y no cansancio. Como consecuencia del punto anterior, que nuestros interlocutores vean en nosotros una fuente de información fresca y renovada.
Reinventarnos conlleva un reto: huir del conformismo. Es una actitud enriquecedora en nuestra comunicación con el mundo. Y si a pesar de todo, no podemos evitar a quien se estanque etiquetándonos a su conveniencia, quizás sea el momento de seguir el consejo del Dr. Freud.