La sociedad zombi y las tendencias en redes sociales

El 16 de julio pasado fallecía en Toronto, Canadá, el director de cine George A. Romero, un gran tipo con una visión especial tras la lente de la cámara. Lo demostró en 1968 cuando filmó aquella barbaridad para la época, «La Noche de los Muertos Vivientes», y que el tiempo hizo justicia transformándola en un clásico.

George a. Romero en una foto publicitaria de sus películas de zombis.

Pero detrás de aquellas escenas truculentas que escandalizaron y abrieron nuevas caminos en el cine fantástico a partes iguales, hay una crítica social que muchas veces se olvida. Una idea que, viajando en el tiempo, cobra fuerza y sentido en nuestros días: la cosificación de los gustos, la globalización de las modas, el consumismo aglutinador y el sectarismo en las ideas.
Vivimos en la sociedad de las tendencias: en moda, en audiencias, luchamos por hacernos notar donde la opinión se masifique. Esa obsesión por figurar, que ahora se llama «postureo», y que pocas veces informa o propone algo diferente. Participamos del consumismo alimentando nuestro ego sin sospechar que acabamos siendo el producto. Las cobayas perfectas y además geolocalizadas, en mitad de una batalla por dominar eso que llaman la diplomacia digital en Twitter: convencerte de qué es lo importante para que sea igual de importante para ti. Y si luego también les votas, entonces, jugada perfecta.

George A. Romero dibujó una sociedad en sus películas de terror donde los zombis empezaron siendo los «extraños», para ir evolucionando, a través de una saga de seis largometrajes, hacia una re-humanización de sus sentidos. Mientras, los «vivos» degeneraban hacia su cara más irracional, racista y sectaria. Haciendo una paralelismo, casi una biopsia sociológica, con el cambio de Era del siglo XXI, nunca la humanidad nos encontramos tan amparados y, paradójicamente, tan expuestos en las redes sociales. Jamás estuvimos tan informados y, al tiempo, tan manipulados. Somos los nuevos ciber-zombis.

Hay quienes viven felices con esta situación y no piensan más que en adquirir el último modelo de dispositivo móvil para adaptarse mejor a los nuevos tiempos. También ya hay quienes empiezan a sentir la necesidad de desengancharse de las redes y reorganizar su tiempo. Pero eso es la punta del iceberg. Lo trascendental sería darnos cuenta de hasta qué punto nos manipulan para que actuemos y opinemos en tendencias de forma globalizada, cronometrada, mimetizada e ideológicamente sesgada. Cada día se pone en marcha un marketing, un protocolo en el que, antes o después, con nuestro ideario, nuestra compra o nuestro comportamiento, terminamos «picando».
Desmárcate. No seas un ciber-zombi.
Y por supuesto, mil gracias a George A. Romero por hacer unas películas que, cuando inició su ciclo en 1968, tal vez no intuyera del todo cómo iban a acoplar en el contexto de nuestro tiempo.