Las casetes que nos acompañaron

Hace pocos días que el espacio, los nuevos aparatos y el tiempo me obligaron a tirar a la basura muchas de mis viejas cintas de casete. Las tenía amontonadas en un rincón sin usarlas desde hacía años. Formaban una pequeña montaña de fósiles de canciones, de recuerdos familiares de nocheviejas, cumpleaños y programas de radio de treinta años atrás. Me costó. De alguna forma era como profanar momentos que no debieran tocarse.
cinta de caseteA much@s os sonará esta historia: años ochenta, radio-casetes y, de pronto, la necesidad de comprar cintas para grabar música. Tal vez el vecino tenía un equipo compacto o una cadena, o eras tú el dueño pero él se acababa de comprar el último disco de aquel grupo. En el Rastro había puestos de cintas pirata con grabaciones de conciertos en directo que hasta que no llegó YouTube no volvimos a escuchar, ¡pero ya con imágenes! La de veces que fuimos hasta el centro de Madrid porque en la calle Arenal había un decomisos que las vendía de la marca «BASF» a muy buen precio.

 

Por supuesto no pude tirar todas. Las de nocheviejas, con voces de familiares que ya no están o las de quienes ya nunca tendremos esas vocecillas; las de los primeros programas de radio, llenos de errores pero tan entrañables; o las de copias de discos que tanto me costó conseguir, seguirán conmigo. En una montañita de fósiles ya más pequeña, como las invitadas más extrañas al baile, junto a sus vecinos los discos de vinilo, igual de olvidados, y frente a los CD y «pendrives» que les parecerán extraterrestres.

 

También miro de reojo al viejo compacto de giradiscos, casete y radio, que me regaló mi padre en C.O.U y que hace años que no uso, pero del que soy incapaz de deshacerme. Además, ahora que se puso de moda lo «vintage», le vuelve a dar un toque de clase a mi leonera. Hace «siglos» que ya no grabo en casetes, pero la rueda de los tiempos, tan cruel a veces y sorprendente otras, me permite grabar ahora un programa como los de la radio («podcast») y subirlo a un servidor para escucharse desde cualquier lugar del mundo. Es alucinante la posibilidad. Pero en las viejas cintas de casete y en los Lp´s de vinilo está mucho de lo que aprendí. Muchísimo. La música de la vida que no deja de sonar en mi cabeza.

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