El cinismo doctrinario está en el aire

Se define al cinismo como la «desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables«. Primo hermano de la hipocresía y del oprobio, podríamos decir que está instalado de serie en todas las personas. Y lo demuestra con cansina constancia la gente vehemente, empeñada en demostrarnos su aguerrida militancia, su férrea rectitud. Son los modernos dueños de la verdad, la suya por supuesto, la de los demás («si es que existe») no parece importarles demasiado.

El cinismo y su prima la hipocresía buscan en los medios de comunicación la noticia y la opinión que se enmarca en su ideología, marginando otras miradas que afecten a la sostenibilidad de su doctrina. No importa lo acertadas o constructivas que sean. Hay que agujerearlas. Lo más fácil es embadurnarlas de azul o de rojo, según intereses. También vende mucho vaticinar conspiraciones mediáticas y editoriales. Con una mano nos convertimos en adalides de la memoria…y con la otra, en desmemoriados.

En cada opinión hay que interpretar lo que se dice y, sobre todo, lo que se oculta. En lo sumergido está muchas veces una cara de la verdad y de la información muy importante. Algo que no les conviene mostrar a quienes tanto presumen de transparencia. ¿Nuestras armas? La desconfianza, el contraste, no dar nada por sentado, buscar lo que callan, huir de planteamientos narcótico-doctrinarios. Urge desenmascarar a quienes nos digan lo que debemos pensar, el blanco o el negro.