La evolución del miedo

Recuerdo antes de la adolescencia haber pasado bastantes noches sin dormir por culpa de una película de terror: «Kung-Fú contra los 7 Vampiros de Oro». Mi padre me llevó a verla al cine del barrio creyendo que sería otra de Bruce Lee. Y para nada. Era una joyita con mordiscos a tutiplén, sadismo, sangre burbujeante y decapitaciones.

Uno de los 7 vampiros de oro. Hammer Films

Luego cuando empecé a hacer radio, con 17 primaveras en la mochila, me impresionaban otras cosas: historias de casas encantadas, psicofonías o subir en el coche a una chica que hacía autostop y que desapareciese del asiento unas curvas después. Aprendí también sobre la sugestión, de cómo los sonidos y las voces nos podían llevar a estados de ánimo de alta tensión. Y participé activamente desde el micrófono. Fue mi particular venganza.

Foto: Javier Rodríguez

Sin embargo, ¡qué inocencia! De intuir lo que llegaría después, hubiese hecho un curso acelerado de terror social. Hoy, por ejemplo, me dan más miedo otras cosas que seguro comparto contigo:
– Me aterra conducir y ver al volante psicópatas que no respetan las normas más básicas.
– Me da pavor abrir Twitter y descubrir que es tendencia «Gran Hermano VIP» con docenas de miles de mensajes.
– Me horrorizan bastantes políticos y sus devotos seguidores cuando carecen de autocrítica y empatía social. Verlos hablar con la boca llena del progreso, la libertad o los valores sin respeto ni tolerancia hacia quienes no piensan como ellos.
– Me paraliza la idea de sufrir dolor o de verlo en la gente que más quiero. El maltrato a cualquier ser vivo.

Foto: Adina Voicu

Inquieta esa evolución de los miedos. Verla interiorizarse en nuestro yo, echar raíces profundas sepultadas por la experiencia. Tal vez siga siendo el mismo ingenuo, o sigamos, a la vista de quienes persiguen objetivos siniestros y para los que somos marionetas necesarias. Que hoy continuemos evocando la cultura como vía de solución y escape a estos miedos es una inquietud en sí misma. ¿Cuántas generaciones, cuántas vidas necesitaremos para ser de verdad cultos y tolerantes?

El actor Peter Cushing en «Kung Fú y los 7 Vampiros de Oro».

Chicho Ibáñez Serrador: premio Feroz de Honor 2017

Chicho Ibáñez Serrador. Años 60.
Chicho Ibáñez Serrador. Años 60.

Recuerdo a Chicho Ibáñez Serrador en aquella televisión en blanco y negro de mediados de los años 70. Con un puro en la mano, como Orson Welles, despidiendo alguna temporada del concurso que revolucionó la televisión: el «Un, Dos, Tres«. Chicho tenía un estilo magnético, mezclaba de forma genial el entretenimiento con el humor (a veces muy negro) y el espectáculo.

Chicho y su inseparable puro
Chicho y su inseparable puro

Pero antes de la calabaza Ruperta y los premios fastuosos de entonces en «Un, Dos, Tres» (el coche y el apartamento), Chicho había dejado sin pegar ojo a toda España a mediados de los 60. De «Historias para No Dormir» la gente de mi generación no supo hasta años después, cuando la serie se repuso ya con la tele en color. Y más tarde, primero gracias al video y luego con internet, pudimos disfrutar las tres temporadas completas.

Una serie mítica de TVE: Historias para No Dormir
Una serie mítica de TVE: Historias para No Dormir

Recuerdo con terror la última escena de «El Caso del Señor Valdemar«, adaptación del relato de Edgar Allan Poe. Ese cuerpo descomponiéndose en unos segundos sobre su cama después de un experimento de mesmerismo. El cuarto de estar de casa de mis padres se llenó de extrañas sombras que ya se quedaron allí para siempre porque me hice seguidor de Chicho Ibáñez, de Poe y del terror desde aquel instante.

Ibáñez Serrador presentando "Mis Terrores Favoritos"
Ibáñez Serrador presentando «Mis Terrores Favoritos»

Más aún cuando con el paso del tiempo Chicho volvió a la carga con «Mis Terrores Favoritos«, presentando películas de la Hammer, de la Universal o  del Fantaterror español de los 70, con su habitual estilo entre el humor y lo macabro, heredado del gran Alfred Hitchcock de quien Chicho era admirador confeso. También hizo temblar las salas de cine, con dos éxitos: «La Residencia» (1969) y «Quién Puede Matar a un Niño» (1976), ésta última adaptando una novela de otro grande de la comunicación española, Juan José Plans. Aunque ya no sigo el género de terror con aquella «ansiedad» adolescente  (reconozco que me he vuelto miedica con la edad), cuando pienso en Chicho lo relaciono con esas películas y sus series de suspense. No puedo evitarlo.

Chicho, Valentín Hornos (Don Cicuta) y Kiko Ledgard en el concurso "Un, Dos, Tres".
Chicho, Valentín Hornos (Don Cicuta) y Kiko Ledgard en el concurso «Un, Dos, Tres».

Por supuesto, Ibáñez Serrador fue mucho más que terror y ciencia ficción (que no es poco). El tratamiento que dio por ejemplo al tema del sexo, desde «Historias de la Frivolidad» (1968) al programa divulgativo «Hablamos de Sexo» (1990) por el que recibió el Premio Ondas. O el concurso animalista «Waku-Waku» (1989 y 1998). Todos sus programas catapultaron de inmediato a futuras estrellas de la televisión y el cine: Kiko Ledgard, Valentín Hornos (Don Cicuta), Mayra Gómez Kemp, Jordi Estadella, Victoria Abril. Silvia Marsó, Lydia Bosch, Consuelo Berlanga, Nuria Roca y un largo etcétera. Siempre injusto el maldito «etcétera» porque deja sin nombrar a gente importante.

Los premios se fueron sucediendo, tanto en activo como cuando, ya por la edad, decidió en 2006 apartarse poco a poco de la actividad profesional. Aún así le vimos recibir en 2009 un merecido homenaje en la Semana de Cine de Valladolid. O en 2010 cuando fue galardonado por el Ministerio de Trabajo con el Premio Nacional de Televisión en reconocimiento a toda su carrera.

A Chicho le avala una trayectoria profesional larga y fructífera
Chicho obtuvo el Premio Ondas y Premio Nacional de Televisión

Hoy viernes 18 de noviembre, redacto esta entrada en el blog  tras la noticia de que, a sus 81 años, Chicho Ibáñez Serrador recibirá el Premio Feroz de Honor 2017 que reconoce las trayectorias más emblemáticas del mundo de la televisión, el cine y la producción audiovisual. ¿Qué decir? ¡Enhorabuena, maestro! Y mil gracias por todo.