Reflexiones sobre la maldad

La maldad está presente en nuestra vida. Pero el torrente de incomunicación que late en las redes sociales (maravillosas en ocasiones), nos hace sentirla aún más cercana. La maldad no es solamente matar. O torturar. No es solo mostrarse insensible. O cómplice. La maldad también se esconde detrás de otras actitudes con dudoso valor ético.

La maldad está en cada desprecio gratuito, instalado de serie por clichés doctrinarios, hacia planteamientos que no coincidan con los nuestros. La maldad nos escupe a la cara cuando niños y niñas acosan y se mofan de compañeros en clase, provocándoles complejos, miedo y ansiedad que acaban en suicidios o en trastornos de por vida.

La maldad crece con el culto al ego, al hedonismo soberbio que fomenta el rechazo sectario hacia los que no se encuadren en sus cánones estéticos. Como diría el escritor Gregory Maguire: «Es de la gente que afirma ser  buena o mejor que el resto de nosotros, de la que debes cuidarte«.

La maldad se alimenta en cada noticia falsa que se lanza al ciberespacio. En cada acto «iconoplasta» de esos que disfrutan con el arte de enturbiar y transgredir. La maldad se parapeta tras quienes difunden bulos aun sabiendo que son mentira. Después serán los primeros en sacar pecho y exigir objetividad cuando sean los ofendidos.

La maldad, en suma, no necesita ser histórica, ni proverbial para quedar en el recuerdo durante generaciones. Engorda con cada acto miserable. Con cada mezquindad escondida tras un alias o un nick  en internet. Cuando exigimos para uno libertad de expresión, patrimonio exclusivo, si después despreciamos la misma libertad del contrario. La maldad es hipócrita y muy cínica.

Lo imposible y la verdad: las noticias falsas y Conan Doyle

Una de mis frases favoritas es de Arthur Conan Doyle: «Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad «. Me gustaría imaginar a Conan Doyle (1859-1930) en el presente, cuando en internet y en los medios de información tradicionales campan a sus anchas noticias y rumores falsos que se filtran de manera intencionada, desde todos los frentes, para confundir y adoctrinar.

Arthur Conan Doyle, creador del detective Sherlock Holmes

¿Existe la verdad? La pregunta parece absurda. ¡Claro que existe! Pero ante un hecho, por indiscutible que parezca, puede haber tantas interpretaciones como miradas, saberes, afectos e ideologías. El debate siempre es enriquecedor cuando aporta datos y escucha el punto de vista contrario. Sin embargo hay gente que, bajo una peculiar interpretación de la tolerancia, se evidencia a sí misma con una postura excluyente: ¿Para qué escuchar otras verdades si la mía es la buena?

El actor Peter Cushing bajo la caracterización clásica de Holmes.

Dejando a un lado las subjetividades doctrinarias, a mi parecer siempre sospechosas y para mirar con lupa, es delictivo, informativamente hablando, lo que ocurre con frecuencia en internet y las redes sociales. Me refiero a cómo circulan rumores falsos disfrazados en formato de noticias. Algunos son tan absurdos que causarían hilaridad inmediata. Y sin embargo los ves crecer, compartirse y retuitearse acompañados de comentarios bochornosos. Demuestran la bajeza moral de sus autores, por un lado, y la falta de criterio, cultura y las nulas ganas de preocuparse por la verdad de quienes los comparten.

Por supuesto que la prensa no es con frecuencia lo que debería ser, como ocurre, por desgracia, en otros sectores profesionales con incidencia directa en lo público. Los grupos de presión estrangulan el acceso a los hechos, edulcorándolos y desviando la atención. Pero cuidado: colectivos y anónimos que se quejan de ello, también aprovechan internet y las redes para difundir noticias falsas que desprestigien o difamen a rivales políticos o religiosos, agrupaciones enfrentadas, radicales encarnizados o forofos de cualquier ámbito, etc. Las elecciones en EE.UU evidenciaron lo que ya era escandaloso para cualquiera con un mínimo de criterio: la circulación sin control en internet de mentiras interesadas para socavar la verdad y la cultura.